top of page

Equilibrando autenticidad y empatía: ser uno mismo sin perder la conexión con los demás

  • Foto del escritor: Pedro R. Armendáriz
    Pedro R. Armendáriz
  • 18 jun 2024
  • 9 Min. de lectura

Actualizado: 13 mar

En el trabajo psicoterapéutico con personas altamente empáticas, una pregunta aparece con frecuencia: ¿cómo puedo ser fiel a quien soy sin desconectarme de las necesidades de los demás? La tensión entre autenticidad y sensibilidad hacia el otro no es un dilema menor. Se trata de un desafío clínico, relacional y profundamente humano que atraviesa la vida personal, familiar y profesional de millones de personas.


Autenticidad y empatía

En una experiencia reciente de psicoterapia, trabajé con Claudia —nombre ficticio para proteger la confidencialidad—, una joven con una capacidad empática notablemente desarrollada y una aguda conciencia de las expectativas de su entorno. Su caso ilustra con claridad lo que la literatura en psicología denomina sociotrópico: un patrón caracterizado por la tendencia a priorizar la aprobación y la armonía interpersonal, muchas veces a costa de los propios deseos, valores y necesidades (Beck et al., 1983). La investigación vincula la sociotopía con mayor riesgo de ansiedad, síntomas depresivos, dificultad para la asertividad y malestar en situaciones de evaluación social (Bruch et al., 2001; Exline et al., 2012).

El abordaje que utilizamos se enmarca en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), un modelo con sólido respaldo empírico dentro de las terapias cognitivo-conductuales de tercera generación. Múltiples metaanálisis han confirmado su eficacia para el tratamiento de la ansiedad, la depresión, el estrés y diversas condiciones de salud mental, con tamaños de efecto moderados a grandes frente a condiciones de control, y resultados comparables a la TCC tradicional (A-Tjak et al., 2015; Gloster et al., 2020). El mecanismo central de ACT es la flexibilidad psicológica: la capacidad de estar en contacto pleno con el momento presente y actuar de acuerdo con los propios valores, incluso en presencia de pensamientos y emociones difíciles (Hayes et al., 2006).

1. Aceptación sin juicio: observar en lugar de evaluar

El primer movimiento terapéutico con Claudia fue trabajar la aceptación experiencial: aprender a observar sus pensamientos y emociones sin clasificarlos como "buenos" o "malos", sin fusionarse con ellos ni intentar suprimirlos. En el modelo ACT, este proceso se denomina defusión cognitiva y consiste en tomar distancia de los pensamientos, observándolos como eventos mentales —no como verdades literales sobre la propia identidad o valor personal— (Hayes et al., 2011).

La investigación muestra que la evitación experiencial —el intento recurrente de controlar, suprimir o escapar de experiencias internas desagradables— constituye un factor transdiagnóstico central en múltiples formas de malestar psicológico (Kashdan y Rottenberg, 2010). En el caso de personas con alta empatía y tendencia a complacer, esta evitación suele adoptar una forma particular: silenciar las propias necesidades para no generar conflicto. Claudia, por ejemplo, interpretaba su incomodidad ante ciertas demandas como una señal de egoísmo, en lugar de reconocerla como información legítima sobre sus límites.

La aceptación, en este contexto, no significa resignación ni pasividad. Implica abrirse a la experiencia emocional tal como se presenta, sin añadir una capa de juicio que la convierta en problema. Este cambio de postura —de luchar contra las emociones a observarlas con curiosidad— es el primer paso hacia una relación más flexible y compasiva con uno mismo.

2. Clarificación de valores: la brújula interna

Un componente central del proceso fue el trabajo de clarificación de valores. En ACT, los valores no son metas que se alcanzan y se tachan de una lista: son direcciones vitales elegidas que orientan la conducta de manera sostenida (Wilson y Murrell, 2004). Funcionan como una brújula interna que permite distinguir entre lo que hacemos por convicción propia y lo que hacemos por presión, hábito o miedo al rechazo.

Con Claudia exploramos preguntas como: ¿qué es lo que realmente valoro en mis relaciones? ¿Qué tipo de persona quiero ser cuando interactúo con los demás? ¿Cuándo mi ayuda responde a un valor genuino de cuidado, y cuándo responde al temor de ser rechazada? Este ejercicio reveló algo frecuente en personas con perfil sociotrópico: una confusión entre los valores propios y las expectativas internalizadas del entorno. Claudia descubrió que parte de lo que experimentaba como "empatía" era, en realidad, hipervigilancia emocional al servicio de la aprobación.

La investigación respalda la importancia de este proceso: estudios sobre flexibilidad psicológica muestran que actuar de manera consistente con los propios valores se asocia con mayor bienestar, menor angustia emocional y mayor sentido de propósito (Hayes et al., 2006; Kashdan y Rottenberg, 2010). En el ámbito organizacional, una revisión reciente confirma que la flexibilidad psicológica y la acción basada en valores son factores protectores frente al agotamiento laboral (Roche et al., 2026).

3. Empatía consciente: autenticidad relacional

Un aspecto central del trabajo con Claudia fue reconceptualizar la empatía. Con frecuencia se asume que ser empático implica absorber el malestar ajeno o subordinar las propias necesidades a las del otro. Sin embargo, desde la psicología contemporánea, se distingue entre empatía afectiva —la resonancia emocional con el sufrimiento ajeno— y empatía cognitiva —la capacidad de comprender la perspectiva del otro sin necesariamente contagiarse emocionalmente— (Davis, 1980). Ambas dimensiones son valiosas, pero cuando la empatía afectiva predomina sin regulación, el riesgo de agotamiento emocional se incrementa significativamente.


La literatura sobre fatiga por compasión ilustra las consecuencias de una empatía sostenida sin límites. Revisiones sistemáticas recientes documentan que los profesionales de ayuda —psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales— expuestos continuamente al sufrimiento ajeno presentan síntomas de agotamiento emocional, despersonalización y disminución de la satisfacción con su labor (Lipsa et al., 2024). Una revisión de la relación entre empatía y burnout en enfermeras encontró que, si bien ambos constructos están generalmente relacionados de forma negativa, la relación se modifica al considerar componentes específicos de la empatía y factores mediadores como la regulación emocional (PMC, 2024). Este fenómeno no es exclusivo de los profesionales: cualquier persona con alta sensibilidad empática puede experimentar un desgaste similar en sus relaciones cotidianas.


El trabajo con Claudia se centró en desarrollar lo que Carl Rogers describió como un equilibrio entre empatía y congruencia: la capacidad de comprender al otro sin dejar de ser auténtico. Claudia aprendió a expresar sus perspectivas de manera respetuosa y clara, reconociendo que autenticidad no significa imposición, sino comunicar las propias verdades de un modo que fomente la comprensión mutua. En la literatura psicoterapéutica, Sandmeyer (2016) ha explorado precisamente esta tensión clínica entre empatía y autenticidad, concluyendo que ambos conceptos no son dicotómicos sino complementarios.


4. Límites saludables: el equilibrio entre dar y recibir


Una de las revelaciones más significativas para Claudia fue comprender que establecer límites no es un acto de egoísmo, sino una condición necesaria para sostener relaciones saludables y una empatía genuina a largo plazo. Desde la perspectiva de ACT, poner límites constituye una acción comprometida con los propios valores: no se trata de rechazar al otro, sino de actuar de manera coherente con lo que uno considera importante.


Claudia aprendió a identificar situaciones en las que las expectativas externas entraban en conflicto con sus valores personales y a responder de manera asertiva: a veces diciendo "no", a veces proponiendo alternativas, pero siempre desde una posición consciente y no reactiva. Este aprendizaje es consistente con lo que la investigación en regulación emocional señala: la capacidad de manejar las propias emociones de manera flexible —ni suprimiéndolas ni dejándose desbordar por ellas— es un factor protector clave frente al burnout y la fatiga por compasión (Brillon et al., 2025; Cho y Lee, 2023).


Vale la pena subrayar un hallazgo paradójico de la investigación: quienes aprenden a poner límites saludables no solo preservan su bienestar, sino que también reportan relaciones interpersonales de mayor calidad. Esto se debe a que los límites permiten que la empatía se sostenga en el tiempo, en lugar de agotarse prematuramente. Aristóteles lo intuyó hace siglos al proponer que las virtudes se sitúan en un punto medio entre el exceso y la carencia; en el terreno psicológico, Grant y Schwartz (2011) han argumentado con evidencia empírica que incluso los rasgos positivos —como la generosidad o la empatía— pueden volverse disfuncionales cuando se llevan al extremo.


5. Relevancia social: ¿por qué importa hoy este tema?


La tensión entre autenticidad y complacencia no es solo un asunto individual: tiene dimensiones sociales, culturales y de salud pública que merecen atención. En contextos donde los mandatos de género, la cultura del servicio incondicional o las dinámicas laborales de sobreexigencia se naturalizan, el costo psicológico de "ser para los demás" recae desproporcionadamente sobre ciertos grupos. La investigación indica que las conductas de complacencia son más prevalentes en mujeres, en parte debido a procesos de socialización que refuerzan la orientación hacia el otro como virtud femenina por excelencia.

En el ámbito laboral, el agotamiento profesional asociado a demandas empáticas sostenidas es un problema de alcance global. Informes del Consejo Internacional de Enfermería (Buchan y Catton, 2023) documentan niveles alarmantes de estrés, burnout y fatiga por compasión en el personal sanitario, agravados tras la pandemia de COVID-19. La Organización Mundial de la Salud y la OCDE han urgido a que el bienestar psicológico en el trabajo sea tratado como una prioridad institucional, no como una responsabilidad individual.

Para profesionales de la salud mental, educadores, líderes organizacionales y diseñadores de políticas públicas, estos hallazgos tienen implicaciones prácticas claras: promover la flexibilidad psicológica, el establecimiento de límites y la alfabetización emocional no es un lujo terapéutico, sino una necesidad preventiva. Incorporar intervenciones basadas en ACT en programas de formación, bienestar laboral y educación socioemocional puede contribuir a reducir el desgaste y a fomentar relaciones más sostenibles y auténticas.

Reflexión final

El caso de Claudia ilustra un proceso que, con variaciones, comparten muchas personas: la búsqueda de un equilibrio entre ser fiel a uno mismo y responder con sensibilidad a los demás. La evidencia sugiere que este equilibrio no se logra eligiendo entre autenticidad y empatía, sino cultivando la flexibilidad psicológica necesaria para integrar ambas. Aceptar sin juzgar, clarificar los propios valores, ejercer una empatía consciente y establecer límites saludables no son pasos lineales ni definitivos: son habilidades que se practican, se ajustan y se profundizan a lo largo de la vida.

En un mundo que demanda con frecuencia que cumplamos roles específicos —en la familia, en el trabajo, en las relaciones— honrar nuestros valores sin desentendernos de los demás constituye un desafío genuino, pero también una aspiración alcanzable. La psicoterapia basada en evidencia ofrece herramientas concretas para este camino: no se trata de elegir entre ser "buena persona" y ser "uno mismo", sino de descubrir que ambas cosas, cuando se articulan con consciencia, se refuerzan mutuamente.

¿Cómo gestionas tú este equilibrio? ¿Reconoces en tu propia vida la tensión entre tus necesidades y las expectativas de tu entorno? Te invito a reflexionar sobre ello —y, si lo necesitas, a buscar el acompañamiento profesional que puede marcar la diferencia.

  • A-Tjak, J. G. L., Davis, M. L., Morina, N., Powers, M. B., Smits, J. A. J., & Emmelkamp, P. M. G. (2015). A meta-analysis of the efficacy of acceptance and commitment therapy for clinically relevant mental and physical health problems. Psychotherapy and Psychosomatics, 84(1), 30–36.

  • Beck, A. T., Epstein, N., Harrison, R. P., & Emery, G. (1983). Development of the Sociotropy-Autonomy Scale: A measure of personality factors in psychopathology. Unpublished manuscript, University of Pennsylvania.

  • Brillon, P., et al. (2025). Emotion regulation and compassion fatigue in mental health professionals in a context of stress: A longitudinal study. PLOS Mental Health, 2(2), e0000187.

  • Bruch, M. A., Rivet, K. M., & Laurenti, H. J. (2001). Sociotropy, need for approval, and symptoms of social anxiety. Journal of Clinical Psychology, 57(5), 655–673.

  • Buchan, J., & Catton, H. (2023). Recover to rebuild: Investing in the nursing workforce for health system effectiveness. International Council of Nurses.

  • Cho, H., & Lee, D. G. (2023). Effects of affective and cognitive empathy on compassion fatigue: Mediated moderation effects of emotion regulation capability. Personality and Individual Differences, 211, 112264.

  • Davis, M. H. (1980). A multidimensional approach to individual differences in empathy. JSAS: Catalog of Selected Documents in Psychology, 10, 85.

  • Exline, J. J., Zell, A. L., Bratslavsky, E., Hamilton, M., & Swenson, A. (2012). People-pleasing through eating: Sociotropy predicts greater eating in response to perceived social pressure. Journal of Social and Clinical Psychology, 31(2), 169–193.

  • Gloster, A. T., Walder, N., Levin, M. E., Twohig, M. P., & Karekla, M. (2020). The empirical status of acceptance and commitment therapy: A review of meta-analyses. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 181–192.

  • Grant, A. M., & Schwartz, B. (2011). Too much of a good thing: The challenge and opportunity of the inverted U. Perspectives on Psychological Science, 6(1), 61–76.

  • Hayes, S. C., Luoma, J. B., Bond, F. W., Masuda, A., & Lillis, J. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1–25.

  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2011). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.

  • Kashdan, T. B., & Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878.

  • Lipsa, J. M., Rajkumar, E., Gopi, A., et al. (2024). Effectiveness of psychological interventions for compassion fatigue: A systematic review and meta-analysis. Journal of Occupational Health, 66(1), uiae061.

  • Roche, M., et al. (2026). A scoping review and research agenda: Psychological flexibility and wellbeing in organisations. Applied Psychology: Health and Well-Being.

  • Rogers, C. R. (1957). The necessary and sufficient conditions of therapeutic personality change. Journal of Consulting Psychology, 21(2), 95–103.

  • Sandmeyer, J. (2016). The interplay between empathy and authenticity in moments of clinical disjunction. Psychoanalysis, Self and Context, 11(1), 20–36.

  • Wilson, K. G., & Murrell, A. R. (2004). Values work in Acceptance and Commitment Therapy: Setting a course for behavioral treatment. En S. C. Hayes & K. Strosahl (Eds.), A practical guide to acceptance and commitment therapy (pp. 63–78). Springer.

bottom of page